5 de enero de 2015

Es un post sin pies, ni cabeza...

Hoy vengo aquí con una necesidad imperante de escribir, aunque no necesariamente ser leída.


Mi abuela partió el 22 de diciembre por la madrugada, yo estaba ahí, yo la vi partir, sólo que ahora su ausencia me parece poco creíble, no sé si sea un proceso normal en el duelo.
Anoche la soñé, eso para nosotros puede significar una visita, pero fue un sueño lleno de simbolismos que no entendí y hoy me he roto la cabeza pensando qué es lo que quiso decirme o si fue un simple sueño.
Hoy quiero tomar el teléfono, llamarle para comentarle los detalles cotidianos de mi día, esos que le contaba casi a diario y que a ustedes o mis amigos pueden sonarles aburridos, pero a ella no. Para ella y para mi eran importantes esas llamadas, contarle que en mi casa los trastes estás sucios porque en mi colonia no hay agua de nuevo; que hoy no tuve ganas de hacer de comer, pero que aún así busqué qué darles de comer a  mis hijos. Esas cosas que compartía sólo con ella. Levantar la bocina y preguntarle qué hace, cuándo yo sabía la respuesta y ella se reía cuando me contestaba, "aquí estoy sentada viendo la tele"... mientras yo muy seria le decía que no anduviera haciendo travesuras.
Tenía tres años postrada en una cama, una mujer que su vida entera era dedicada a buscar el sustento primero para sus hijos, luego para mi, su nieta, la nieta que no era la nieta, era su hija.
Esa mujer que con la herida de una operación delicada, me cuidaba desde su cama, mientras yo siendo una bebé podía estar en un corral, ella me alimentaba y me consentía pegando el corral a su cama.
Esa mujer que me salvó la vida cuando con días de nacida me estaba ahogando, me puse morada y ella salió pidiendo ayuda por una calle de Acapulco.
Ea mujer que juntaba los centavos para ir al mercado y comprarme la fruta que me gustaba, la comida que necesitaba; mientras que yo veía los centavos en la bolsa plástica y sentía que llevábamos mucho dinero.
Esa mujer que sin dinero, quería darme unos Reyes especiales y limpió todas mis viejas muñecas, las remendó, les hizo vestidos nuevos y me regaló unos Reyes inolvidables.
Esa mujer que me transmitió su gusto por cocinar, me pasó sus mejores recetas y puso en mi la semilla de empresaria del alimento, aunque yo no lo entendía.
Esa mujer que aguantó mi terrible adolescencia, el comienzo de mi actitud rebelde e irreverente; ella fue mi enemiga en esa etapa y eso era porque ella sólo buscaba llevarme por el buen camino, pero yo tenía mis propios planes... y aún así, ella los entendió.
Esa mujer que cuando le anuncié mi primer embarazo, lloró de emoción, lloró porque sabía que traía un reto más en mi vientre.
Esa mujer que aunque su deterioro físico era a evidente, me quería ayudar a cuidar a mis hijos y se lamentaba cada vez que se sentía mal por no poder hacerlo.
Mi gordita, la siempre risueña, hasta el último de sus días...
Sólo sé que hoy la extraño, aunque no la veía a diario, estábamos juntas por teléfono, me consolaba cuando me escuchaba triste por mis frustraciones y siempre me decía "tú puedes, no te rindas"; ella que lloraba por todo lo que pasaba, pero me decía que no llorará.
Sé que fue lo mejor que pudo haberle pasado, su salud era inexistente y no debía sufrir más; pero hoy su ausencia duele más que nada.
La encuentro en la mirada de mis hijos, en mis propias lágrimas...pero aún así me hace falta.
¡Te extraño Tenchita!